Yo fui aquel que soñó con araucarias y leones negros.
Yo vi el mar arrojar peces muertos
Yo contemplé el cielo partido y respiré las brisas lúgubres
Yo anduve caminando en esas playas siniestras.
Sentí mi corazón salirse ante esa triste premonición.
Yo fui el que soñó todo esto y sin embargo, decidí no creer.
Decidí no oír a las sirenas vaticinar mi caída y mi muerte.
¡Que desventura! ¡Que desilusión!
¡Canten tristes poetas, que entre leones negros he andado yo!
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